
Para aquellos que hayan leído este libro, el epílogo estará carente de contenido. Haber saboreado cada capítulo con la certeza de conocer ya sus rincones, o en la esperanza de hacerlo, para unos con la mirada puesta en la nostalgia, para otros con la expectativa de la aventura, tendrá la recompensa de ver cómo en un texto se han recopilado cariñosamente algunos de los retazos de la vida de esta comarca, tan distante y olvidada, pero tan rica a la vez por sus distintos matices.
Es posible que no hayamos conseguido plasmar en palabras todo el mensaje que puede emitir esta tierra. Para conseguir trasladar esta sensación hay que conocerla despacio y recorrer sus rincones. Cuando se ha cumplido este requisito imprescindible no hay hombre que resista el encanto de hablar con los ojos entornados de Villuercas-Ibores; no lo dudemos, Alfonso XI ya tenía estas sierras en su corazón y poco a poco, como una balsa de aceite, parece como si la historia hubiera ido llamando uno a uno a los grandes hombres de cada momento, los Reyes Católicos, Cristobal Colón, Cervantes, Carlos I, etc., que han venido a rendir pleitesía a tan pequeño lugar del mundo.
Pero no nos engañemos, a la comarca no le faltan esperanzas y le sobran problemas: en los últimos treinta años, el deterioro de su paisaje se ha hecho más que patente, con grandes pistas surcando paisajes magníficos, algunas grandes infraestructuras han alterado el cauce de los ríos, la normativa para la construcción en la mayoría de los núcleos urbanos está obviada, y las repoblaciones con árboles foráneos amenazan con los peligros tradicionales de incendios forestales, erosión del suelo y desertificación.
Sin embargo, como problema social, y como consecuencia económica y medioambiental, aparece el grave grado de despoblación y envejecimiento de sus núcleos urbanos, con consecuencias muy negativas para el progreso de la comarca (abandono de áreas menos fértiles - expansión del matorral - disminución de la cabaña ganadera).
Para todos aquellos que vienen a disfrutar de sus paisajes, queremos insistir en el escrupuloso respeto que debe mantenerse en este rincón de naturaleza y valores para que las cosas permanezcan como las encontramos a nuestra llegada, cuidando la recogida de todo nuestro material de desecho, las entradas a lugares no permitidos, y los acercamientos a lugares en los que se puede molestar a la fauna salvaje (aspecto que además está duramente penado por la legislación autonómica).
Si no se conoce esta Comunidad Autónoma, debe saberse que la acampada libre está estrictamente regulada, y que la escalada queda restringida a los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre (hasta el día 25), quedando totalmente prohibida durante el resto del año en la mayoría de las rocas.
Al editar este libro, los autores hemos pretendido fomentar en todos sus valores una comarca rural que conoce poco el turismo. Sería desolador que para Villuercas-Ibores esta palabra comenzara a significar poco respeto hacia sus habitantes, bolsas de basura en las carreteras, molestias a su fauna, y alteración de su tranquilidad y riquezas naturales.


Javier Caldera Domínguez y
Pedro Holgado García