
La productividad de estas montañas y su situación estratégica, alzadas sobre las inmensas llanuras circundantes, han echo que sean habitadas desde la prehistoria. El paisaje se ve enriquecido con puentes medievales, castillos árabes y castros de las Edades del Hierro y del Bronce. En numerosos museos y colecciones privadas existe una gran variedad de utensilios correspondientes a las diferentes épocas.
En los lugares más abruptos de las sierras es fácil localizar pinturas rupestres, y de forma puntual pueden también descubrirse organizaciones de grandes piedras relacionadas con la actividad cazadora durante el Neolítico.
Los primeros utensilios humanos, que se han encontrado en las rañas más orientales, consisten en piedras hábilmente talladas que fueron transformadas en herramientas cortantes. Todo parece indicar que pertenecen al Paleolítico y fueron confeccionadas hace unos ocho mil años. Sin embargo, datan del Neolítico los restos más numerosos e interesantes que nos han sido legados; constituyen los orígenes del arte, y son fundamentalmente pinturas rupestres esquemáticas.
En cuevas poco profundas y abrigos rocosos, donde el hombre nómada se refugiaba temporalmente en grupos tras los rebaños de animales salvajes, pueden verse cuatro mil años después aquellas evocaciones rituales dibujadas en las rocas sin más medios que unas manos fuertes impregnadas en una amalgama de óxidos y grasa animal.
En general, las pinturas rupestres son de color rojo, pero también podemos hallar algunas negras o blancas.
La inmensa mayoría fueron realizadas en rocas cuarcíticas, aunque hemos localizado en uno de los parajes más escondidos del macizo montañoso un pequeño panel sobre pizarras (dato inédito), en el que aparecen figuras ancoriformes y cuadrúpedos. Es difícil descifrar el significado de sus dibujos; algunos de ellos consisten en una disposición simétrica de puntos o pequeñas líneas rectas, o se han realizado apoyando sobre la roca la palma de la mano impregnada en el indeleble tinte. Otros muchos, aquellos en los que el autor optó por el realismo, han sido repetidamente interpretados con conclusiones muy parecidas; básicamente, son figuras esquemáticas de personas o animales aislados o agrupados. En algunas obras se aprecian escenas de caza con hombres y cuadrúpedos entre los que se distinguen animales con cornamenta.
No queremos caer en el egoísmo, pero a la hora de revelar datos sobre enclaves sensibles es preferible optar por la sensatez y el conservadurismo. Esta dicotomía ha surgido a menudo mientras se escribía este libro y entendemos que es una buena fórmula no delatar la ubicación de hábitats de especies protegidas o lugares vulnerables para evitar riesgos a los mismos. A lo largo de los años hemos podido comprobar cómo muchos de los paneles de pinturas rupestres esquemáticas han sido salvajemente agredidos, siendo retocados obscenamente los trazos iniciales o golpeados hasta hacerlos inapreciables.
El estado de degradación de las pinturas rupestres resulta directamente proporcional a la accesibilidad de los abrigos donde se encuentran, de manera que para observarlas inalteradas hay que sufrir horas de caminata hasta encaramarse en los riscos más apartados de carreteras y caminos.
Por otro lado, para quienes están realmente interesados en este arte, la búsqueda es encantadora y la observación e interpretación de las pinturas son mucho más gratificantes cuando se ha derrochado esfuerzo e intuición para descubrirlas. La mayoría de los abrigos medianos ubicados a los pies de las grandes moles cuarcíticas e independientemente de su orientación, están más o menos adornados (más de una veintena en la comarca).
Debido a lo expuesto anteriormente, hemos decidido no ser nosotros quienes demos coordenadas o localizaciones concretas de la mayoría de las cuevas con pinturas rupestres, para no incrementar la vulnerabilidad de un patrimonio antiquísimo, muy importante y desgraciadamente bastante desprotegido.
Uno de los lugares más conocidos y de mejor acceso es la "Cueva de Alvarez", enclave muy próximo a la localidad de Cañamero, y que ha sido catalogada como la más importante de todo el conjunto de Villuercas. Puede accederse desde la carretera de Berzocana por un camino asfaltado que arranca desde el matadero municipal.
Inmediatamente se aprecian líneas paralelas y figuras humanas con arcos o lanzas a la derecha del gran abrigo. Con paciencia y experiencia pueden apreciarse varios de los once paneles que, según H. Breuil, se observaban a principios de siglo, consistentes en composiciones de puntos y figuras tectiformes y que en conjunto podrían ser representación del culto a divinidades paganas.
El ya citado poco respeto y el humo de las hogueras que durante muchos años debieron arder en el extraplomo hacen que cada vez sean menos los detalles que pueden apreciarse en esta cueva.
En Cañamero se comercializa el vídeo de una pequeña productora local llamada "Taiga", que explica de manera amena la historia y el significado del arte rupestre en el valle del río Ruecas.
Fortuitamente, y hace ya muchos años, se descubrió en Castañar de Ibor una sima que, a través de túneles, conduce con peligro y dificultades a una serie de salas adornadas por la naturaleza, con cataratas y cristalizaciones coralinas de aragonito, ora blancas, ora con tonalidades ocres y azules. Sin duda, este enclave representa un magnífico ejemplo de monumento natural que, aunque de menores dimensiones, no le debe tener envidia a las Cuevas de Arenas de San Pedro. Actualmente están cerradas a cal y canto y en su custodia está involucrado el celo de los vecinos que acertadamente lo consideran su patrimonio. Cuando se habla de abrir la cueva al público enseguida aparecen los inconvenientes de la posibilidad de derrumbamientos y el aspecto negativo que tendría esta intervención en el proceso de formación mineralógico.
