La productividad de estas montañas y su situación estratégica, alzadas sobre las inmensas llanuras circundantes, han echo que sean habitadas desde la prehistoria. El paisaje se ve enriquecido con puentes medievales, castillos árabes y castros de las Edades del Hierro y del Bronce. En numerosos museos y colecciones privadas existe una gran variedad de utensilios correspondientes a las diferentes épocas.

En los lugares más abruptos de las sierras es fácil localizar pinturas rupestres, y de forma puntual pueden también descubrirse organizaciones de grandes piedras relacionadas con la actividad cazadora durante el Neolítico.

Los primeros utensilios humanos, que se han encontrado en las rañas más orientales, consisten en piedras hábilmente talladas que fueron transformadas en herramientas cortantes. Todo parece indicar que pertenecen al Paleolítico y fueron confeccionadas hace unos ocho mil años. Sin embargo, datan del Neolítico los restos más numerosos e interesantes que nos han sido legados; constituyen los orígenes del arte, y son fundamentalmente pinturas rupestres esquemáticas.

En cuevas poco profundas y abrigos rocosos, donde el hombre nómada se refugiaba temporalmente en grupos tras los rebaños de animales salvajes, pueden verse cuatro mil años después aquellas evocaciones rituales dibujadas en las rocas sin más medios que unas manos fuertes impregnadas en una amalgama de óxidos y grasa animal.

En general, las pinturas rupestres son de color rojo, pero también podemos hallar algunas negras o blancas.