
© Pedro Holgado
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Fray Diego de Ecija |
La arquitectura de Guadalupe se ha visto moldeada a lo largo de la historia por dos factores principales: la presencia del Monasterio, centro cultural y de devoción mariana, y las características orográficas del terreno. El trazado de las calles es irregular, angosto y en pendiente, como le ocurre a otros pueblos de montaña. Sorprenden los soportales sobre pilares de piedra y vigas de madera que son también utilizadas en aleros, balcones y muros, surgiendo espacios tan placenteros y bellos como la Calle Sevilla, la Plazuela de los Tres Chorros, y la Plaza Mayor, que es a su vez antesala del Monasterio.
La arquitectura popular ha dado lugar a una "Puebla" limpia, con casas de fachadas de color blanco, generalmente de dos plantas; la primera con soportales en el exterior, la segunda con balcones de madera voladizos.
