
Extremadura es, en general, una región bien conservada en la que abunda la fauna silvestre, y en la que viven aproximadamente trescientos vertebrados, algunos de ellos en grave peligro de extinción como el águila imperial ibérica. Los extremeños podemos enorgullecernos de tener un tercio de la población mundial de esta bella rapaz, presente únicamente en el sudoeste español. Quienes viven en esta tierra o la visitan con frecuencia,
saben que es seguro poder observar a los milanos recorrer las carreteras en busca de comida, o a los ratoneros comunes posados en los postes telefónicos, indiferentes ante el tráfico.
En cada comarca extremeña podemos hallar algún valor faunístico, dependiendo principalmente del relieve, vegetación, altitud o usos del suelo. Así, si viajamos en primavera y verano por los Llanos de Cáceres, nos deleitaremos con el planeo sutil de los aguiluchos cenizos (Circus pygargus) o las acrobacias de los cernícalos primillas (Falco
naumanni) buscando insectos, y si cruzamos el Parque Natural de Monfragüe despertarán nuestra atención las coronas formadas por docenas de buitres en el cielo, girando y remontándose hasta perderse de vista.
En la comarca de Villuercas, montañosa, con cursos de agua abundante y amplios bosques frondosos, viven en perfectas condiciones los animales del sotobosque, pero también los que realizan sus ciclos biológicos en los altos cantiles, aparentemente yermos.

A los animales que habitan en las rocas se les denomina "rupícolas"; lógicamente en Villuercas, por la abundancia de crestas cuarcíticas y cantiles fluviales pizarrosos, viven muchas aves representativas de este medio.
Por regla general, las pequeñas especies rupícolas dependen totalmente de los roquedos y la única actividad que se ven obligados a realizar fuera de ellos es la búsqueda de agua en los días más calurosos del verano; algunas de estas especies tienen nombres tan sugerentes como el avión roquero (Ptyonoprogne rupestris)
o el roquero solitario (Monticola solitarius).
Este último es un ave del tamaño del mirlo, siendo la hembra muy parecida a la de éste. El macho es de un bonito color azul uniforme. Nidifica en grietas de rocas y huecos de construcciones humanas deshabitadas, y se alimenta de insectos y pequeños vertebrados. En la comarca es frecuente, aunque de carácter huidizo; aparece tanto en cantiles serranos
como fluviales, y es fácil detectar su presencia cuando ejecuta sus cortos vuelos.
El avión roquero es, al igual que las golondrinas, con las que tiene cierto parecido, un pájaro alfarero que construye pequeños nidos de barro en forma de media taza dentro de cuevas o bajo extraplomos de rocas. Se alimenta de pequeños insectos que captura mientras vuela, por lo que es muy fácil observarle volando constantemente en todas direcciones; más robusto que las golondrinas, es de tonalidad marrón grisácea, y cría en pequeñas colonias.
Otros pequeños pájaros ligados a los cantiles, que no por ser menos frecuentes o visibles carecen de importancia, son los vencejos reales (Apus melba), collalbas negras (Oenanthe leucura), escribanos montesinos (Emberiza cia),
golondrinas dáuricas (Hirundo daurica) y acentores (Prunella modularis). Aunque es muy escaso, en ocasiones se ha observado al roquero rojo (Monticola saxatilis).
Aves de mayor tamaño que las anteriores que precisan de los cantiles, pero no realizan todas sus actividades en ellos, son los buitres leonados (Gyps fulvus), alimoches (Neophron percnocterus), águilas reales (Aquila chrysaetos) y perdiceras (Hieraaetus fasciatus), halcones peregrinos (Falco peregrinus), cernícalos vulgares (Falco tinnunculus), chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y búhos reales (Bubo bubo), por citar las más frecuentes.
De todas ellas, se observan con frecuencia las dos primeras, aunque los alimoches sólo están presentes en la península durante la primavera y el verano; De cualquier forma, y a excepción del búho real, no es difícil detectar a las demás mientras evolucionan próximas a las rocas o se desplazan hasta zonas más abiertas.
La especie de mayor valor ornitológico de la comarca es la cigüeña negra (Ciconia nigra), considerada en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como "en peligro de extinción". En toda su área de distribución y desde mediados de siglo, esta bella zancuda se ha visto obligada a recluirse en los parajes más abruptos y solitarios del cuadrante suroccidental del país, debido principalmente a la destrucción
y alteración de sus hábitats naturales, aunque también han actuado negativamente las molestias humanas producidas por fotógrafos, expoliadores, naturalistas irresponsables, etc. Cáceres, con unas ciento cincuenta parejas reproductoras, es la provincia que cuenta con la población mejor conservada de la Península Ibérica.
Su carácter esquivo y huidizo ha condicionado que la docena de parejas que nidifican en Villuercas-Ibores se reproduzcan en el corazón de las sierras, en riscos inaccesibles, teniendo que desplazarse muchos kilómetros hasta llegar a los ríos y charcas donde se alimentan. Bajo estas condiciones, el tamaño de sus polladas es escaso, siendo por término medio dos los polluelos que consiguen abandonar el nido.
Al apartarse de las altas serranías, llaman la atención por su abundancia los arrendajos (Garrulus glandarius), bellos pájaros de mediano tamaño que se visten de negro, blanco y azul sobre un manto pardo rojizo, y sorprenden al viajero cuando, con sus graznidos y maullidos, atraviesan, volando, carreteras y caminos.
Merece especial mención, por el buen estado de su población, el mirlo acuático (Cinclus cinclus), habitante de los tramos altos de los ríos; rechoncho, pardo negruzco, y con un babero blanco, nos sorprende volando rápido sobre los torrentes para posarse en alguna piedra y sumergirse buceando en busca del sustento. Se trata de una especie muy vulnerable que acusa gravemente la contaminación de las aguas y que vive
aquí en plenitud de facultades.
Un pájaro de gran importancia para la avifauna extremeña es el rabilargo (Cyanopica cyana), de fisonomía muy parecida a la de las urracas, pero con la mitad de tamaño. Su llamativo color azulado en la cola y las alas, y su negro sombrero de "jockey" le hacen muy atractivo.
Muy abundante en las dehesas y otras zonas abiertas, pierde presencia a medida que aumenta el arbolado. En toda Europa sólo se encuentra
en el centro-sur de España y Portugal, lo que le hace ser uno de los objetivos para los ornitólogos extranjeros que nos visitan.
En las frías noches del invierno puede escucharse un lúgubre ulular que se expande estremecedoramente por la oscuridad; es el triste canto del cárabo (Strix aluco), una rapaz nocturna de tamaño medio que habita bosques densos con árboles viejos y huecos, desde los que acecha a los ratoncillos que bullen en la hojarasca.
La larga lista de aves que pueden observarse en la comarca la componen multitud de especies. Entre ellas, son frecuentes rapaces como águilas culebreras (Circaetus gallicus) y calzadas (Hieraaetus pennatus), ratoneros
comunes (Buteo buteo), milanos (Milvus sp.), azores (Accipiter gentilis) y gavilanes (Accipiter nisus), y pequeños pájaros como cucos
(Cuculus canorus), alcaudones (Lanius sp.), jilgueros (Carduelis carduelis), lavanderas (Motacilla sp.), mirlos (Turdus merula), estorninos (Sturnus sp.), picogordos (Coccothraustes coccothraustes), colirrojos (Phoenicurus ochruros), petirrojos (Erithacus rubecula), etc.

Así como las aves son animales fáciles de observar por mantener hábitos principalmente diurnos, ser bastante activas y permitir cierto acercamiento confiadas en la defensa que les brinda el vuelo, los mamíferos son nocturnos o crepusculares, huidizos y, por tanto, difíciles de avistar en libertad.
Sobre la quebrada superficie de esta comarca viven muchos de los seres característicos de la región Mediterránea. Debido a su carácter retraído, se detecta la existencia de algunos mamíferos únicamente por sus rastros y señales, bien sean huellas, excrementos, o el hallazgo de sus cadáveres. Si hay un animal que destaca, por ser abundante para esta latitud, es el corzo (Capreolus capreolus).
Se trata de un pequeño cérvido representativo de Centro Europa, que es frecuente en el norte de la Península y desaparece rápidamente al desplazarnos hacia el sur.
Sin duda, la buena presencia de robledales densos y frescos, más acordes con la región eurosiberiana, propicia que Villuercas-Ibores sea una de las pocas comarcas del sur peninsular donde los corzos mantienen poblaciones esperanzadoras.
Es posible verle a primera hora de la mañana o última de la tarde en las zonas más verdes y frondosas, aunque su pequeño tamaño (apenas 30 Kg.) y la actitud de quedarse inmóvil cuando presiente peligro, dificultan bastante su observación.
A veces, al viajar de noche, se interrumpe la monotonía de la oscuridad con la aparición de algún ciervo (Cervus elaphus), jabalí (Sus scrofa), zorro (Vulpes vulpes), garduña (Martes foina), gineta (Genetta genetta), tejón (Meles meles) o gato montés (Felis silvestris), que al ser sorprendidos cuando cruzan las carreteras, permiten una visión fugaz y alegre hasta perderse pronto en
la oscuridad.
La nutria (Lutra lutra), catalogada especie "de interés especial", disfruta de las condiciones ideales que le ofrecen los cursos medios de los ríos, donde sus poblaciones se mantienen, en contraposición con lo que sucede a nivel general en la mayoría de su área de distribución.
En el bosque y matorral mediterráneo, el depredador terrestre cuya visión más anhelan expertos y profanos es el lince ibérico (Lyns pardina). Los datos recopilados llevan a la conclusión de que nunca ha sido un animal frecuente en la comarca, pero sólo su presencia puntual y esporádica es digna de mención. Limitamos con dos núcleos de población típicos de la especie: Monfragüe y Los Montes de Toledo, que están, como la
mayoría, en una situación precaria. Tan sólo medidas inmediatas de protección radical para sus hábitats ocupados y de mejora de las poblaciones de conejo pueden evitar que desaparezca para siempre este bello felino, catalogado "en peligro de extinción". Recientemente, la construcción de la Autovía de Extremadura, que separa Monfragüe de Villuercas, y las alambradas que bordean esta vía de comunicación suponen una barrera casi infranqueable para los grandes mamíferos.
Aunque la construcción de los túneles de Miravete (con una longitud de 1.200 m.), ha permitido que se establezca un corredor libre, han disminuido las expectativas de un contacto o dispersión de las poblaciones de lince ibérico, convirtiéndose este beneficio social en un duro golpe para la especie.

Supone, en principio, un sobresalto detectar una serpiente cerca de nosotros cuando recorremos tranquilamente un sendero, pero si aprendemos a distinguir unas especies de otras pronto empezaremos a amarlas como a los "bambis", o los "conejillos". La mayoría de las personas no reconocen las distintas especies de culebras, reptiles y anfibios, pero forman un fascinante mundo muy accesible y sorprendente.
Está confirmada la presencia en la zona de la mayoría de las serpientes ibéricas ; son comunes la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), de herradura (Coluber hippocrepis), de escalera (Elaphe scalaris),
y viperina (Natrix maura), aunque también podemos encontrar culebras de collar (Natrix natrix) y de cogulla (Macroprotodon cucullatus), así como culebrillas ciegas (Blanus cinereus). Un reptil ciertamente común y representativo es la víbora hocicuda (Vipera latastei), que encuentra condiciones idóneas para sobrevivir en las laderas pedregosas cubiertas de vegetación; por ser venenosa, es aún más despreciada que el resto de los ofidios. Las mordeduras de víbora son muy improbables. Es difícil encontrar algún habitante que las haya sufrido. No obstante, hay
que tener precaución y nunca intimidar ni manipular víboras o culebras. Es aconsejable calzar botas o zapatillas altas, que además evitan torceduras y arañazos, y en el supuesto caso de una mordedura de víbora, descartaremos como soluciones de urgencia la succión del veneno y el agrandamiento de la herida.
La mejor forma de actuar es practicar un torniquete por encima de la mordedura y acudir lo antes posible a un centro médico, ayudando en el desplazamiento al infortunado para que realice el menor esfuerzo físico posible.
Otro conjunto de reptiles son las lagartijas y lagartos, que también cuentan con buena representación. Son comunes los lagartos ocelados (Lacerta lepida) y las lagartijas colilarga (Psammodromus algirus) e ibérica (Podarcis
hispanica). Merece especial atención un pequeño lagarto: el verdinegro (Lacerta schreiberi), morador habitual de las márgenes de torrentes y arroyos. Mientras disfruta de algún rayo solar filtrado entre la vegetación, es seguro que nos permitirá contemplar a poca distancia su diseño de puntos negros sobre verde-amarillento y su cabeza azulada. Se trata de un animal exclusivo (endémico) de la Península
Ibérica que habita zonas montañosas y húmedas.
Un reptil diferente a los demás por su capacidad trepadora, es la salamanquesa común (Tarentola mauritanica), Parecida a una lagartija, aunque mucho más robusta, de color gris y con la cabeza proporcionalmente grande, vive en las paredes de las casas de campo y rocas con escondrijos. Burla la fuerza de la gravedad gracias a las laminillas que rematan sus dedos, que actúan como ventosas; es de hábitos
principalmente crepusculares o nocturnos.
Se denominan anuros a aquellos anfibios que, en estado adulto, no tienen cola. Ejemplos de ello son los sapos, sapillos, ranas y ranitas. A los que si la tienen, como las salamandras, se les denomina urodelos. Las noches lluviosas y templadas de la primavera extremeña se caracterizan por la aparición de multitud de anfibios; es corriente observarlos sobre las carreteras. Para hacerse una idea de la cantidad existente, basta con saber que fuera de ellas hay tanta densidad como dentro.
Quienes se interesan por su identidad saben que éste es un momento muy productivo para obtener datos.
En esta comarca podemos localizar sin esfuerzo sapos comunes (Bufo bufo), de espuelas (Pelobates cultripes) ,corredores (Bufo calamita), gallipatos (Pleurodeles waltl), así como sapos parteros y tritones. La salamandra común (Salamandra salamandra) es en Villuercas-Ibores el urodelo más representativo, inconfundible por sus colores negro y amarillo, combinados de forma diferente en cada individuo. Tienen sus máximas poblaciones en los bosques caducifolios, donde encuentran la humedad que necesitan.
Hay que centrarse nuevamente en los cursos altos de los ríos para hablar de la rana patilarga (Rana iberica), otro endemismo ibérico, de aspecto esbelto y color pardo uniforme, se desenvuelve perfectamente en aguas rápidas y frías. Desde aguas más tranquilas o estancadas acompañan gratamente las veladas veraniegas las estrepitosas ranas comunes, y en herbazales húmedos de zonas bajas es posible detectar a otro anfibio
especialmente curioso por trepar a la vegetación para refugiarse: la ranita de San Antonio (Hyla arborea).
Por su aspecto, muy similar al de las tortugas, podemos reconocer a los galápagos. Su organismo funciona dentro de un fuerte caparazón córneo y para protegerse esconde en él sus patas, cabeza y cola, mientras segrega una sustancia de olor muy desagradable. Una de las dos especies ibéricas, el galápago leproso (Mauremys caspica), es aquí muy común, siendo habitual en ríos y lagunas. Pasa gran parte del día tomando
el sol en las orillas o piedras emergentes, desde las que se lanza al agua y bucea cuando es sorprendido, permaneciendo en el fondo hasta que el peligro se aleja.
Adaptadas a desenvolverse dentro de las primeras aguas de los ríos, rápidas y gélidas, están las truchas comunes (Salmo trutta), peces de gran valor deportivo y culinario; aguas abajo de sus dominios, en aguas más pausadas y cálidas, e indiferentes ante quienes no comparten su medio, proliferan bogas (Chondrostoma polylepis) y barbos (Barbus sp.).
Pero si complejo y amplio es el mundo de los seres vivos vertebrados, no hay punto de comparación con la variedad y número de invertebrados, aunque habitualmente pasen más desapercibidos. La diversidad vegetal y el uso poco extendido de productos químicos agrícolas, hacen que sean innumerables las especies de mariposas, escarabajos o arañas que pueden descubrirse con paciencia en Villuercas-Ibores.