Montañas y valles. Podrían ser las dos palabras más sencillas que definieran este territorio. Montañas rocosas y agrestes, valles profundos y encajados. Cinco son las grandes sierras que lo forman, Sierra del Alcornocal, de la Ortijuela, Alta, de Viejas, del Hospital del Obispo y de Altamira, más de treinta de menor importancia, y ocho los principales ríos: Santa Lucía, Almonte, Viejas, Ibor, Gualija, Ruecas, Guadalupejo, y Guadarranque. Los cinco primeros vierten al Tajo por el norte, y los tres últimos al Guadiana por el sur.

Las cinco grandes cadenas montañosas discurren paralelas unas a otras, manteniendo una dirección noroeste-sureste. Los orígenes geológicos son muy conocidos en el mundo científico por su singularidad. En sus comienzos, sobre el lecho marino existente (hecho que se demuestra por la gran cantidad de fósiles hallados), se acumularon una serie de sedimentos. Este lecho marino varió de profundidad a lo largo de la Era primaria, y posteriormente se fue plegando, originando sierras paralelas de pizarras y cuarcitas que se fueron desgastando lentamente durante la Era secundaria. El resultado de este proceso es uno de los mejores ejemplos que existen en el mundo del denominado relieve "Apalachense", debido al gran paralelismo que puede apreciarse entre los primitivos sinclinales y anticlinales. Más adelante, este relieve sufrió un rejuvenecimiento debido a movimientos de ascenso que propició un profundo encajamiento de las cuencas hidrográficas al actuarse sobre las rocas más blandas (pizarras), en beneficio de las más resistentes (cuarcitas); la consecuencia fue la imagen actual: franjas alargadas y paralelas constituidas por esta roca, en los puntos más elevados del relieve, y profundos valles.

En algunas zonas se formaron depósitos horizontales de material arcilloso junto con cuarcitas, areniscas y pizarras, dando lugar a las actuales "rañas", aportación del léxico geográfico/geológico, son llanuras y mesetas de considerable extensión que abundan por la vertiente norte y sur de la comarca.