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Centro espiritual de Extremadura y del fervor
mariano en el resto del mundo. El conjunto
urbano de Guadalupe está configurado por la
Puebla y el Monasterio. La primera ofrece todo
el sabor de los pueblos serranos, con
callejuelas empedradas y edificios sustentados
sobre soportales de madera, que desembocan en
recoletas plazas, adornadas con sugestivas
fuentes de agua fresca y cristalina. Entre sus
edificios más notables se encuentra la Casa de
Gregorio López, el Colegio de Gramática, el
Hospital de San Juan Bautista y la Iglesia
Nueva.
El Monasterio de Nuestra Señora de
Guadalupe, construido entre los siglos XIV y
XVI, es una bella obra de estilo gótico-mudéjar,
en cuya iglesia destacan el coro, la sacristía
con cuadros de Zurbarán, el relicario y el
Camarín. En el resto del edificio se encuentran
los claustros gótico, actual Hospedería, y el
mudéjar, en cuyo centro se levanta un templete
del mismo estilo y que sorprende por su
artística construcción.
Resulta fácil adquirir en los numerosos
comercios de la localidad ejemplares de la
variada artesanía de la zona, principalmente las
piezas trabajadas sobre cobre y latón.
Guadalupe también es un buen referente de la
rica gastronomía de la comarca. Una gastronomía
que sorprende por los originales y en ocasiones
"humildes" productos empleados en la elaboración
de exquisitos platos como las migas con
torreznos, los cardillos salvajes, sopas de
tomate, criadillas de tierra, caldereta de
cabrito, cabrito asado, perdiz estofada y
morcilla de berza, así como la repostería, en la
que destacan las perrunillas, las roscas de
muédago y la sopa dulce.
Los alrededores de la localidad ofrecen
múltiples y variadas posibilidades: adentrarse
en su exuberante naturaleza en busca de
deliciosos paisajes, participar en cacerías en
los numerosos cotos existentes o visitar los
diversos edificios y monumentos diseminados por
los campos, cuya historia ha estado
estrechamente relacionada con el Monasterio,
como sucede con las granjas de Valdefuentes y
Mirabel y la ermita del Humilladero.
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